Navegando en tu perfume, en tu voz y en tu sonrisa.
Náufrago y víctima eterna de un mar de amor. Dejaste estas aguas en busca de unas eternas, alzaste el ancla y zarpaste hacia el infinito.
Tu risa deslumbrante como la noche me acompaña desde no tan lejos, educada y vivaz, curiosa y constelada.
Tus ojos, desubicados de un color etéreo, me miran expectantes. ¿Serán los ojos las ventanas al alma? ¿Será tu alma tan inocente como tu mirada?
El silencio viaja en nuestros labios, sencillo y respetuoso. No logro distinguir la línea del horizonte, el grito frente al mar, libre y loco, me mezcla con la bruma, escurridiza y doliente de un 7 de Octubre.
En el río de tu risa, la corriente me arrastra, y yo, sedienta de tus brazos, me pierdo y me dejo llevar, en busca de una manta de abrazos y caricias que logro encontrarlas al cerrar mis párpados.
Perdida en un camino sin fin, tu locura inconsciente hace juego con la marea. Las olas, absortas e impacientes te acompañan al navegar y al compás del navío te digo gritando, ¡buenos vientos, capitán!